Casi todas las empresas de este país dicen que sacrificarán su margen de beneficios para no perjudicar el consumo. Y uno, que ha tenido la mala suerte de retener los precios de algunos artículos y comparar la evolución de precios en la semana previa a la inminente subida se pregunta porqué nos mienten como bellacos. Y ese uno, siendo incauto como es, ante las observaciones realizadas no tiene más remedio que llegar a dos conclusiones alternativas equiprobables igualmente aterradoras: la primera es que estas empresas nos crean tontos y la segunda es que efectivamente seamos tontos. Para combatir ambas suposiciones y como sujetos económicos sólo nos queda la posibilidad de escoger el comercio donde, realmente, encontremos el producto al mejor precio.
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