viernes, 4 de abril de 2014

Cuando el sentido del humor es una maldición

Escucho el lamentable incidente de una lideresa (utilizando este neologismo para complacer algunos feminismos excesivamente beligerantes) que, aprovechando su pertenencia a una casta política que abusa, esquilma y abochorna al pueblo español infringe la ley de tráfico y después de ello en lugar de acatar respetuosamente la sanción administrativa a la que su mala conducta le hace acreedora se fuga del escenario de su infracción amparándose en la protección que su condición de aforada le otorga, a costa de los impuestos (también tasas y multas y otras fuentes de ingresos públicos) que el pueblo español paga dia a día con grandes sacrificios y de los que, curiosamente, esta misma casta política está exenta en su casi totalidad.

Recapitulamos:
- Abusa de la protección que la ley otorga a los políticos, tanto en sentido jurídico (enjuciamiento privilegiado) como en sentido físico (escolta de la Guardia Civil), toda ella con el único sentido de proteger el ejercicio de la acción pública, EN DEFENSA DEL PUEBLO.
- Se mofa de los ciudadanos contando una versión de los hechos cuya mera enumeración ya incitaría a la risa, si no fuera tan preocupante. Adicionalmente los testigos de los hechos confirman la falta de verosimilitud del relato de la supuesta infractora, que además reconoce haber cometido la infracción inicial.
- Mientras tantos ciudadanos ven recortados sus derechos, sus ingresos y su dignidad, un político puede tener la tranquilidad de que sus ingresos le durarán todas la vida. Además, tendrá derecho igualmente a "impuestos light".
- Finalmente todas las cohortes políticas, de todos los colores del espectro, se limitarán a dejar correr el tiempo pidiendo respeto a las decisiones judiciales y a los procedimientos establecidos, como si la independencia judicial fuera una realidad y no un espejismo manipulado por los dos partidos (¿eran dos, más o son todos el mismo?) que colocan a los adláteres en las posiciones de influencia del sistema jurídico español.

¿Sabemos de quien es la culpa? No es (sólo) de estos políticos infectos que hemos elegido sino de estos ciudadanos incautos (que lo somos), con una ingenuidad rayana en la estupidez, que permitimos que esto ocurra y nuestra reacción es reírnos, hacer bromas y contemporizar. Cualquier país de los que admiramos exije a sus políticos transparencia, y castiga con carácter inmediato no sólo el delito o la mentira, sino la mera falta de transparancia.

Alemania no hizo chiste cuando se demostró que un asesor de Ángela Merkel había copiado un trabajo universitario, ni América se burló de que Clinton faltara a la verdad en el caso Lewinsky o Nixon en el Watergate, ... Todos estos casos tuvieron un precio político inmenso E INMEDIATO en la opinión pública que, naturalmente, tuvo su reflejo en el llamado quinto poder.

Menos burlas y más veras, si queremos ser el país que merecemos ser. Así conseguiremos librarnos de estos políticos que nos merecemos y poner al frente de estas responsabilidades a los políticos que deseamos. Sean del color que sean, todos ellos son útiles para hallar soluciones pero HONESTOS. Y como la mujer del César, que además parezcan honestos, ya que tan grave es la duda como la prueba de la corrupción. Un político honesto debe ser como el armiño, y dejarse caer antes que ensuciarse en el barro. Y no vale decir que todos son (equivalente a decir somos) iguales. Yo no quiero ser igual de sinvergüenza, por ello debo ser el primero en combartir la corrupción o seré cómplice de ella.

"Ite, missa est." Y llevad la buena nueva a los demás ciudadanos, la verdad nos hará libres de estos chorizos.