miércoles, 15 de agosto de 2012
La subida del IVA y la curva de Laffer.
En economía se popularizó en los 80 esta relación entre tipos impositivos e ingresos recaudados. El argumento es que a partir de un determinado punto (tipo impositivo), los efectos sobre la recaudación por los nuevos incentivos a no trabajar superan a los efectos recaudatorios de la propia subida.
[La curva de Laffer en WIKIPEDIA]
Con seguridad algún lector convendrán conmigo en que en los países del Sur de Europa en que nuestro conducta recaudatoria del IVA se comporta de esta manera y que nuestro umbral de sensibilidad es más bajo que en los países del Norte de Europa. Las explicaciones, seguramente, serán múltiples, no siendo la menor de ellas la existencia de bolsas de fraude fiscal.
En este sentido y teniendo en cuenta que la causa del desplome de ingresos es la caída de actividad tal vez la subida del IVA, negada durante la campaña y admitida durante la gobernanza no era la mejor de las soluciones posibles, teniendo en cuenta que los recortes más jugosos y que podrían realmente enjugar el déficit no se toman y las que se anuncian no se llevarán a cabo hasta las siguientes elecciones ¿quizá porque son los únicos recortes que atacan el aparato de poder, que cuenta con medios para defenderse mientras los trabajadores, amas de casa y jubilados sólo tienen su voto, mediatizado por los partidos políticos que se "reparten el pastel"?
No precisamos tanto flexibilizar el despido de trabajadores cuando el despido de nuestros políticos es imposible triplemente:
1. El aparato del partido les defiende. Y el aparato, entendido en sentido amplio, ya que los casos de abuso del adversario no pueden ser atacados cuando nosotros mismos consentimos los mismos abusos. Queremos ser un pais poderoso(=incrruptible), pero no entendemos que en un país poderoso se despide FULMINANTEMENTE a un político pillado en una mentira: copiando una tesis, con intereses espúrios en empresas privadas, etc. Y el despido proviene de la presión de sus propios compañeros de partido, que valoran el poder de la opinión pública, a diferencia de los políticos españoles, pongamos por caso.
2. El cargo les acompaña tras su finalización: ora un puesto en un consejo, ora en una diputación, quizá una pensión vitalicia o temporal... ¿No quedamos en los 20 días por año trabajado? Si es buena idea para los ciudadanos, también lo será para sus dirigentes...
3. Precisamente los políticos del país provienen de los sectores "protegidos" de la economía, esto es, sectores que conservan el puesto de trabajo, por si fallan las opciones 1 y 2 que expuse y así no hay ningún cargo público que no tenga una plaza de registrador de la propiedad, abogado del estado, inspector de hacienda o cualquier otro trabajo "mileurista" esperando por si fallaran las otras opciones. Como si nuestros políticos no supieran aprovechar hasta la saciedad los contactos entretejidos con las esferas de poder económico para colocarse (ellos mismos y sus recomendados) en estupendos trabajos clave de carácter consultivo con una remuneración suficiente para varias familias españolas...
Acabemos con la ineficacia de la clase dirigente y estarán(=estaremos, puesto que la clase dirigente es nuestra) legitimados para perseguir la ineficacia de las clases "dirigidas". Lo contrario no es sólo imposible, sino contraproducente.
Aunque podría parecer que hemos dejado el tema del titular, no es así, enderezar la curva de Laffer, subiendo el máximo de la misma para permitir una mayor recaudación (en la medida en que sea necesario para mantener los servicios públicos que consideremos esenciales y no como fin es sí misma) es posible aplicando las recetas que, por ejemplo, aplican los países que consideremos como modelo.
Este es el único modo duradero y legítimo de estar, como país, donde merecemos.
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