Por lo visto y oído por ahí hemos superado la ética capitalista y nuestras empresas ya no se conducen buscando el máximo beneficio económico, sino que se sólo desean ser los mejores actores para la sociedad, promoviendo la integración, la diversidad étnica, religiosa y social, defendiendo la igualdad de género y facilitando la integración de la vida laboral y personal.
La compañía petrolífera o financiera que despide a centenares de trabajadores de avanzada edad para subcontratar a una decena de becarios en la convicción de que harán el mismo nivel de trabajo nos hace creer, además, que está favoreciendo a la sociedad con esta maniobra.
La inversión intensiva en capital, responsable de la destrucción de los puestos de empleo, es financiada por los mismos trabajadores que pierden sus empleo en favor de nuevos procedimientos productivos via impuestos que sirven para pagar las subvenciones a I+D, etc. que supuestamente nos harán más productivos. Y luego de vendernos la productividad del capital pondremos también como ejemplo de productividad a los países del sureste asiático que precisamente no son un paradigma de innovación.
El gestor público que obliga a los ciudadanos a prescindir de los servicios públicos necesarios para pagar proyectos faraónicos estériles e innecesarios nos hace creer que gracias a la carrera X, la Olimpiada Y o los mundiales Z tendremos menos desempleo o más bienestar o vaya usted a saber qué. Pero la campaña publicitaria que lo acompaña nos hace creer lo que no es verdad.
La erosión de la ética pública, social y empresarial no es más que un reflejo de la erosión de la ética personal y por ello no podemos pedir a nuestros políticos, nuestro empresarios, nuestros famosos, etc. más de lo que nosotros mismos estamos dispuestos a aportar. Si nos aprovechamos de los "enchufes" estamos favoreciendo la existencia de los enchufados. Si mentimos para vender un producto o servicio que de otra manera no podríamos vender estamos creando una cultura del engaño.
El "desdibujamiento ético" (ethical fading) y la "limitada sensibilidad ética" (bounded ethicality) es la forma en que denominamos a la falsa política de empresa que reina en aquellas organizaciones donde la prioridad otorgada a ciertos objetivos acaba haciendo que sus empleados y directivos ignoren la dimensión ética de sus conductas, valorando solo determinados resultados económicos, de forma directa o indirecta.
Sólo hay una forma en la que nos engañan para qe nos creamos estas falsedades y es envolviendo en celofán coloreado la mercancia estropeada de sus mentiras. Quitemos este envoltorio para ver la verdad desnuda de lo que nos quieren vender. Sólo los que venden calidad pueden mostrarla a la luz del día. No creáis las mentirar publicitarias y llegad al fondo de las cosas.
¡O estaremos perdidos!
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